venerdì 22 settembre 2017

Fragmento de La náusea/Frammento de La nausea

Jean Paul Sartre
(trad. Marcela Filippi)

Los objetos son cosas que no deberían conmover, porque no están vivos. Se usan, se vuelven a poner en su lugar, se vive entre ellos: son útiles, nada más. Y a mí, me conmueven, es insoportable. Tengo miedo de entrar en contacto con ellos exactamente como si fueran bestias vivas.
Gli oggetti sono cose che non dovrebbero commuovere, poiché non sono vive. Ci se ne serve, li si rimette a posto, si vive in mezzo ad essi: sono utili, niente di più. E a me, mi commuovono, è insopportabile. Ho paura di entrare in contatto con essi proprio come se fossero bestie vive.

El Instante/L’istante

de/di Jorge Luis Borges
(trad. Marcela Filippi)

¿Dónde estarán los siglos, dónde el sueño de espadas que los tártaros soñaron, dónde los fuertes muros que allanaron, dónde el Árbol de Adán y el otro Leño?
El presente está solo. La memoria erige el tiempo. Sucesión y engaño es la rutina del reloj. El año no es menos vano que la vana historia.
Entre el alba y la noche hay un abismo de agonías, de luces, de cuidados; el rostro que se mira en los gastados
Espejos de la noche no es el mismo. El hoy fugaz es tenue y es eterno; otro Cielo no esperes, ni otro Infierno.

Dove saranno i secoli, dove il sogno
di spade che i tartari sognarono?
Dove i forti muri che oltraggiarono,
dove l’albero di Adamo e l’altro legno?

Il presente è solo. La memoria
erige il tempo. Successione ed inganno
è la routine dell’orologio. L’anno
non è meno vano della vana storia.

Tra l’alba e la notte c’è un abisso
di agonie, di luci, di cure;
il volto che si guarda negli sfiniti

specchi della notte non è lo stesso.
L’oggi fugace è tenue ed è eterno;
un altro Cielo non attendere, né un altro Inferno.

I miei poveri versi /Mis pobres versos

di/de Alda Merini
(trad. Marcela Filippi)

I miei poveri versi, non sono belle millantate parole, non sono afrodisiaci folli da ammirare ai potenti e a chi voglia blandire la sua sete. I miei poveri versi sono brandelli di carne nera disfatta chiusa, e saltano agli occhi impetuosi; sono orgogliosa della mia bellezza; quando l'anima è satura dentro di amarezza e dolore diventa incredibilmente bella e potente soprattutto. Di questa potenza io sono orgogliosa ma non d'altre disfatte; perciò tu che mi leggi fermo a un tavolino di caffè, tu che passi le giornate sui libri a cincischiare la noia e ti senti maestro di critica, tendi il tuo arco al cuore di una donna perduta. Lì mi raggiungerai in pieno.


Mis pobres versos
no son bellas descomedidas palabras
no son afrodisíacos locos
de admirar a los potentes
y a quien desee aliviar su sed.
Mis pobres versos
son jirones de carne
negra derrota obcecada,
y saltan a los ojos impetuosos;
estoy orgullosa de mi belleza;
cuando el alma está saturada dentro
de amargura y dolor
se vuelve increíblemente bella
y potente sobre todo.
De esta potencia me siento orgullosa
mas no de otras derrotas;
por lo tanto tú que me lees
quieto en una mesa de un café
tú que pasas los días en los libros
mascullando el tedio
y te sientes maestro de crítica,
tiende tu arco
hacia una mujer perdida.
Allí me alcanzarás en pleno.

I ricordi/Los recuerdo

di /de Giuseppe D’Alessandro
-Rutigliano (Bari) 1924-
(trad. Marcela Filippi)

Come panni di vari colori
stanno i ricordi ad asciugare
al sole. Poi, riposti
nel cassetto, aspettano.
Li indosseremo un giorno
come fossero nuovi.

Como ropa de varios colores
están los recuerdo secándose
al sol. Luego, repuestos
en el cajón, esperan.
Los vestiremos un día
como si fueran nuevos.

martedì 19 settembre 2017

Rothko

(trad. Marcela Filippi)

Han salido del convento.
Él la toma de la mano y miran el cielo de Florencia.
Por la dulzura de su Anunciación
y por el espacio armonioso de sus frescos,
invocan, agradecidos,
el nombre de Fra Angelico.
Hace poco, en Roma, supieron
que ella dará a luz el próximo diciembre.
Un dulce asombro los conmueve.

Sono usciti dal convento.
Lui la prende per mano e guardano il cielo di Firenze.
Per la dolcezza della sua Annunciazione
e per lo spazio armonioso dei suoi affreschi,
invocano, grati,
il nome di Fra Angelico.
Recentemente, a Roma, hanno saputo
che lei darà alla luce il prossimo dicembre.
Un dolce stupore li commuove.

Pastoral de otoño/Pastorale d’autunno

(trad. Marcela Filippi)

(Con Leopardi)
                                            “ed erra l’armonia per questa valle"
                                                                   (G. Leopardi)

Sentado en una piedra
he aprendido a mirar la tarde con los años,
más allá del paisaje, más allá de los hombres.
La luz dominical de una campana blanca
suena alegre y lejana y viene de la infancia.

Me he asomado al abismo
donde el cuervo levanta la urgencia de su vuelo
con el raudo dibujo de un presagio sin hora.
Con plenitud de mieses
está maduro el grano, en sazón la provincia
boreal de la fruta.

Segado está ya el trigo y lista la serpiente
al espasmo ondulante del ciclo riguroso.
Ya amarillea el hinojo su cruz invertebrada
contra la tarde leve y sus altos silencios
de pájaros azules.
En la base del monte una nube levanta
su columna barroca densa de agua y de luz.

Y están solos los ojos en el final estrecho
de esta tarde de plomo,
de helado plomo bajo y azul sobre las sierras.

El águila abandona su extensa envergadura
a las curvas caudales del viento largo y verde.
Con el canto del cuco
algo dice la tarde que el ojo no comprende
sobre la pesadumbre azul de la genciana,
sobre la persistente fragilidad del lirio,
escuetamente blanco contra la piedra gris,
bajo un ciprés sin nombre.

Y está cautivo el tiempo en los montes que asalta,
jadeante, una aspereza de jaras y cantuesos.
Cautiva la mirada del cielo de otras tardes,
desarmada y cautiva de la luz cereal
en donde ardió la infancia.

Yo no sé si esta tarde regresará otra tarde
con sus canciones verdes y su luz de campana.
Yo la fijo en su frágil vuelo y en la subida
agreste de retamas, en la ruina del arco
acosado de ortigas,
con el viento y la arena que desordena el tiempo.


Seduto su una pietra
ho imparato con gli anni a guardare la sera,
al di là del paesaggio, al di là degli uomini.

Mi sono affacciato all’abisso
dove il corvo alza l’urgenza del suo volo
con il ratto disegno di un presagio senza ora.

Con esuberanza di semina
è pronto il grano, matura la provincia
boreale della frutta.

Segato il frumento e pronto il serpente
allo spasmo ondulante del ciclo rigoroso.
Il finocchio già ingiallisce la sua croce invertebrata
contro la lieve sera e i suoi silenzi
di uccelli blu.
Alla base del monte una nuvola alza
la sua colonna barocca densa di acqua e di luce.

E ci sono solo gli occhi alla fine stretta
di questa sera di piombo,
di freddo piombo sotto e blu sulle sierre.

L’aquila abbandona la sua estesa apertura alare
alle curve feconde del vento lungo e verde.
Con il canto del cuculo
qualcosa dice la sera che l’occhio non comprende
sul dispiacere blu della genziana,
sulla persistente fragilità del giglio,
schiettamente bianco contro la pietra grigia,
sotto un cipresso senza nome.

Ed è captivo il tempo nei monti che esalta,
ansioso, un’asprezza di cisti e stecadi.
Captivo lo sguardo del cielo di altre sere,
disarmato e prigioniero della luce cereale
dove arse l’infanzia.

Non so più se questa sera rifonderà un’altra sera
con le sue canzoni verdi e la sua luce di campana.
Io la fisso nel suo fragile volo e nella salita
agreste di ginestre, nello sconquasso dell’arco
vessato dalle ortiche,
con il vento e la sabbia che sovvertono il tempo.

Insomnio/Insonnia

de/di Gerardo Diego
(trad. Marcela Filippi)

Tú y tu desnudo sueño. No lo sabes. Duermes. No. No lo sabes. Yo en desvelo, y tú, inocente, duermes bajo el cielo. Tú por tu sueño, y por el mar las naves.
En cárceles de espacio, aéreas llaves te me encierran, recluyen, roban. Hielo, cristal de aire en mil hojas. No. No hay vuelo que alce hasta ti las alas de mis aves.
Saber que duermes tú, cierta, segura cauce fiel de abandono, línea pura, tan cerca de mis brazos maniatados.
Qué pavorosa esclavitud de isleño, yo, insomne, loco, en los acantilados, las naves por el mar, tú por tu sueño.


Tu e il tuo nudo sonno. Non lo sai.
Dormi. No. Non lo sai. Io insonne
e tu, innocente, dormi sotto il cielo.
Tu nel tuo sonno, e in mare le navi.

In carceri di spazio, aeree chiavi
mi ti rinchiudono, recludono, rubano. Ghiaccio
cristallo d'aria in mille scaglie. No. Non c'è volo
che alzi fino a te le ali dei miei uccelli.

Sapere che dormi tu, certa, sicura
alveo fedele di abbandono, linea pura,
così vicina alle mie braccia annodate.

Che spaventosa schiavitù d'isolano
io, insonne, folle, sulle scogliere,
le navi in mare, tu nel tuo sonno.

La aberración revolucionaria/L’aberrazione rivoluzionaria

(trad. Marcela Filippi)
Hace mucho que esta retórica de la revolución debía haberse perdido, en los términos en que se creó en el siglo XX latinoamericano. Vimos México engullido con sus muertos. Carlos Fuentes supo ponerlo en ficción: la transformación del arado en el oro de las finanzas, no para todos. Igual sucedió en Rusia donde hoy los nuevos Romanov no son los príncipes de sangre que por ahí arañan ancianas “glorias”, sino los descendientes de aquellos que sobrevivieron a Stalin, que crecieron a su sombra, además. Así se fundó la nueva aristocracia rusa. China, ni qué decirlo. El mar de sangre de las fatídicas guerra y revolución cultural se redujo a Ferraris de cien mil dólares para los hijos de la nomenklatura comunista. Aun así el pueblo cree, el que calza zapatos normales o no tiene para comprarlos. Sueña, sueña con los líderes que iluminen el camino; hay algo estúpidamente religioso en ello. La búsqueda del macho alfa, el eterno retorno a la animalidad de cópula salvaje y dominio por la fuerza. En vano la poesía, el arte, pinceles y tinta y música e imágenes. Pasto solo para irredentos, individualistas, locos y criminales.
Hoy Donald Trump es la imagen perfecta del “comunismo”, líder de los trabajadores, pastor que guía el rebaño, flautista de Hamelin. Comunista porque el vocablo carece ya de explicación coherente como para catalogarlo de importante. Comunista es cualquiera, desde el orate de Corea del Norte a los billonarios chinos, desde el voluminoso tonto Maduro hasta los narcos bolivianos, y, claro, Putin y Marine Le Pen. Cómo se revolcarán en la tumba los tontos útiles. Si hubiéramos sabido que el dolor serviría para encumbrar riqueza personal y aristocracia, mejor nos quedábamos como estábamos. Los pelados en México siguen siendo pelados y emigran al norte, y los pelones, pelones, aunque en Zacatecas se vistieran por corto período de tiempo de mujeres para escapar la ira popular.
Diosdado Cabello es el heredero de Marx, miren hasta dónde hemos caído, y el sietemesino Ortega el nuevo Emiliano. Hora del tango de Discépolo, del Cambalache que debiera ser himno universal. Si hasta el verdugo-cornudo Perón, seguido de las crías kirchneristas, se convirtió en rosario de la rebelión. Cuando en la masacre argentina asesinaron a Rucci, que merecía morir igual que López Rega, no nos imaginábamos que se moldeaban en yeso otros santos. Hasta la señora Hebe, de las Madres de Mayo que quisimos muchos, le halló la vuelta al negocio de los mártires, sus hijos en este caso.
Que Nicolás Maduro fuera chofer de bus no viene al caso, o que homosexual, tampoco. Detalles que no interesan, ni si Chávez fue su amante, pero sí que eran socios del más rentable negocio del mundo junto a la droga, el poder. Resulta que hoy Caracas, llena de protestas, incluso desde los riscos de los barrios pobres, clama porque se vaya, y algunos porque se lo cuelgue de un palo alto, muy alto, sin pensar que su desaparición tampoco traerá bonanza sino un cambio de mando y un traspaso del dinero. La recua engorda al amo, no cabe duda, y los pueblos marchan como asnos coloreados ante el silbido capataz. Nada se puede hacer, porque el individualismo ha perecido, es tan nimio que no cuenta. El alma tribal se impone, lo gregario cuenta como lo único posible. Hasta en un país llamado Estados Unidos que se preciaba de su individualidad, la gente marcha al son de los pífanos de un orangután violento y vulgar.
Encender el televisor trae un trillado novelón de encendida retórica y falsedades, perfecto para la chusma, mísera o adinerada, que gusta seguir por detrás, pegado a la cola, el olor almizclado de las esencias gástricas del profeta de turno. Animales.

E’ da molto tempo che questa retorica della rivoluzione, nei termini in cui si è creata nel ventesimo secolo latinoamericano, avrebbe dovuto perdersi. Abbiamo visto il Messico inghiottito nei suoi morti. Carlos Fuentes ha saputo collocarlo nella finzione: la trasformazione dell’aratro nell’oro delle finanze, non per tutti. Lo stesso accadde in Russia, dove oggi i nuovi Romanov non sono i principi di sangue che da qualche parte graffiano vecchie “glorie”, ma i discendenti di coloro che sono sopravvissuti a Stalin, che sono inoltre cresciuti nella sua ombra. E’ così che si è fondata la nuova aristocrazia russa . La Cina, neanche a dirlo. Il mare di sangue delle fatidiche guerra e rivoluzione culturale è stato ridotto a Ferrari da centinaia di migliaia di dollari per i figli della nomenklatura comunista. Ciononostante il popolo, quello che calza scarpe normali o che non ha denaro per comprarle, ci crede. Sogna, sogna dei leader che illuminino il cammino: c’è qualcosa di stupidamente religioso in ciò. La ricerca del maschio alfa, l’eterno ritorno all’animalità di copula selvaggia e di dominio con la forza. Invano la poesia, l’arte, pennelli, inchiostro, musica e immagini. Erba solo per irridenti, individualisti, pazzi e criminali.
Oggi Donald Trump è l’immagine perfetta del “comunismo”, leader dei lavoratori, pastore che guida il gregge, pifferaio di Hamelin. Comunista, perché il vocabolo è ormai carente di alcuna spiegazione coerente per catalogarlo come importante. Comunista è chiunque, dal mentecatto della Corea del Nord ai miliardari cinesi, dall’ingombrante asino Maduro fino ai narcos boliviani,e, ovvio, Putin e Marie Le Pen. Come si rivolteranno nella tomba gli sciocchi utili. Se avessimo saputo che il dolore sarebbe servito ad accrescere la ricchezza personale e dell’aristocrazia, sarebbe stato meglio rimanere come stavamo. Gli scalzi in Messico continuano ad essere scalzi ed emigrano a nord, e i pelones, pelones* anche se a Zacateca, si vestissero, per un breve periodo di tempo, da donne per scappare all’ira popolare.
Diosdado Cabello è l’erede di Marx, guardate fin dove siamo caduti, e il settimino Ortega il nuovo Emilio. Ora del tango di Discépolo, del Cambalache* che dovrebbe essere inno universale. Persino il boia-cornuto Peròn, seguito dalle nidiate kirchneriane è diventato rosario della ribellione. Quando nel massacro argentino assassinarono Rucci, che meritava di morire come Lòpez Rega, non abbiamo immaginato che si sarebbero modellati in gesso altri santi. Anche la signora Hebe, delle Madri di Plaza de Mayo che abbiamo molto amato, trovò il suo tornaconto nell’affare dei martiri; i suoi figli in questo caso.
Che Nicolàs Maduro fosse autista di autobus non fa al caso; oppure omosessuale, nemmeno. Dettagli che non interessano, neanche se Chavez fosse suo amante, ma che erano soci nell’affare più redditizio del mondo insieme alla droga; il potere, sì. Risulta che oggi Caracas, piena di proteste, anche dai dirupi dei quartieri poveri, urli perché se ne vada, e alcuni perché lo impicchino a un palo alto, molto alto; senza pensare che neanche la sua scomparsa porterà prosperità, bensì un cambio di comando e un trasferimento di denaro. La mandria ingrassa il padrone, non vi è dubbio, e i popoli marciano come asini colorati davanti al fischio del capataz. Nulla può essere fatto, perché l’individualismo è morto, è così piccino che non conta. L’anima tribale prevale, l’aspetto gregario è l’unico valore possibile. Persino in un paese chiamato Stati Uniti, che si vantava per la sua individualità, la gente marcia al suono di pifferi di un orango tango violento e volgare.
Accendere la televisione porta una telenovela infiammata di retorica e falsità trita e ritrita; perfetto per la ciurma, misera o arricchita, che ama stare dietro, attaccata alla coda, all’odore muschiato delle essenze gastriche del profeta di turno. Animali.


*Cambalache, famoso tango scritto, da Enrique Discépolo
*Episodio che fa riferimento alla presa di Zacatecas da parte di Pancho Villa nel giugno del 1914, vittoria decisiva che aprì la strada a città del Messico. In quell’occasione pelones, pelones, cioè i padroni e i loro sbirri si vestirono da donne per sfuggire all’ira dei rivoluzionari Villistas.

Del infierno y del Cielo/Dell’Inferno e del Cielo

de/di Jorge Luis Borges
(trad. Marcela Filippi P.)


El infierno de Dios no necesita
el esplendor del fuego. Cuando el Juicio
Universal retumbe en las trompetas
y la tierra publique sus entrañas
y resurjan del polvo las naciones
para acatar la Boca inapelable,
los ojos no verán los nueve círculos
de la montaña inversa; ni la pálida
pradera de perennes asfodelos
donde la sombra del arquero sigue
la sombra de la corza, eternamente;
ni la loba de fuego que en el ínfimo
piso de los infiernos musulmanes
es anterior a Adán y a los castigos;
ni violentos metales, ni siquiera
la visible tiniebla de Juan Milton.
No oprimirá un odiado laberinto
de triple hierro y fuego doloroso
las atónitas almas de los réprobos.

Tampoco el fondo de los años guarda
un remoto jardín. Dios no quiere
para alegrar los méritos del justo,
orbes de luz, concéntricas teorías
de tronos, potestades, querubines,
ni el espejo ilusorio de la música
n¡las profundidades de la rosa
ni el esplendor aciago de uno solo
de Sus tigres, ni la delicadeza
de un ocaso amarillo en el desierto
ni el antiguo, natal sabor del agua.
En Su misericordia no hay jardines
ni luz de una esperanza o de un recuerdo.

En el cristal de un sueño he vislumbrado
el Cielo y el Infierno prometidos:
cuando el juicio retumbe en las trompetas
últimas y el planeta milenario
sea obliterado y bruscamente cesen
¡oh Tiempo! tus efímeras pirámides,
los colores y líneas del pasado
definirán en la tiniebla un rostro
durmiente, inmóvil, fiel, inalterable
(tal vez el de la amada, quizá el tuyo)
y la contemplación de ese inmediato
rostro incesante, intacto, incorruptible,
será para los réprobos, Infierno;
para los elegidos, Paraíso.


L’Inferno di Dio non ha bisogno
dello splendore de fuoco. Quando il Giudizio
Universale riecheggi nelle trombe
e la terra renda pubbliche le sue viscere
e risorgano dalla polvere le nazioni
per accogliere la Bocca inappellabile,
gli occhi non vedranno i nove cerchi
della montagna inversa; né la pallida
prateria di perenni asfodeli
dove l'ombra dell’arciere segue
l'ombra del cerbiatto, eternamente;
né la lupa di fuoco che nell’infimo
piano degli inferni musulmani
è anteriore ad Adamo e ai castighi;
né violenti metalli, nemmeno
la visibile tenebra di John Milton.
Non opprimerà un odiato labirinto
di triplice ferro e fuoco doloroso
le attonite anime dei reprobi.

Nemmeno la fine degli anni serba
un remoto giardino. Dio non chiede
per allietare i meriti del giusto,
cerchi di luce, teorie concentriche
di troni, potestà, cherubini,
né lo specchio illusorio della musica
né le profondità della rosa
né lo splendore funesto di una sola
delle Sue tigri, né la delicatezza
di un tramonto giallo nel deserto
né l’antico, originario sapore dell’acqua.
Nella Sua misericordia non ci sono giardini
né luce di una speranza o di un ricordo.

Nel cristallo di un sogno ho scorto
il Cielo e l’Inferno promesso:
quando il Giudizio riecheggi nelle ultime
trombe e il pianeta millenario
venga cancellato e bruscamente cessino
Oh Tempo! le tue effimere piramidi,
i colori e le linee del passato
definiranno nella tenebra un volto
dormiente, immobile, fedele, inalterabile
(forse quello dell'amata, forse il tuo)
e la contemplazione di quell’immediato
volto incessante, intatto, incorruttibile,
sarà per i reprobi, Inferno;
per gli eletti, Paradiso.