giovedì 23 novembre 2017

Non cercavo la fine, non era la morte/No buscaba el final, no era la muerte

di/de Antonio Santori
(trad. Marcela Filippi)

Non cercavo la fine, non era la morte
l’improvvisa atmosfera, cercavo la ciurma rarefatta
e il vento della creazione, il niente che si scopre
dietro la vita, dietro l’amore.
Perché ci sono spazi enormi da riempire
che sono spazi da inghiottire. Ci sono luoghi che dormono,
come strumenti in attesa dentro le casse,
luoghi di carne, di mascelle spalancate,
luoghi di sgomenti e di resa, luoghi dell’amore.
Ma sempre, sempre, dietro gli occhi di ognuno
ci sono gli occhi di un altro che guardano la fine:
le nasse ammonticchiate, prossime al sussulto,
lo stupore dentro l’acqua delle ostriche
invasate dalla luce, nostro identico culto
sotto le stelle.
Perché ci sono occhi da respingere
che sono occhi da accogliere.
Ci sono volti che nascono sotto i nostri corpi
e si nascondono tra le coperte
e altri disperati che si confessano e si dileguano,
dolcemente. E sempre, sempre, ogni gesto del chiarore
è un gesto dell’ombra, come lo sguardo separato
delle donne, quando aprono le gambe, lentamente.
Tutto si divincola tutto è in fuga.
Nessuno può parlare di ricordi.
La mano fasciata da un fazzoletto gigante,
legato in fretta, il soffio forte della nascita
l’ultimo giorno di dicembre, il respiro
di mio padre nella morte vigilata,
una salvietta sporca in un ristorante.
Nessuno può parlare di ricordi.
Rimane solo il senso di uno smarrimento,
l’incredibile rifugio delle cose
che crediamo di spostare, il senso della fine,
il vero sentimento.

No buscaba el final, no era la muerte
la improvisa atmósfera, buscaba la chusma enrarecida
y el viento de la creación, la nada que se descubre
detrás de la vida, detrás del amor.
Porque hay espacios enormes para llenar
que son espacios para engullir. Hay lugares que duermen,
como instrumentos a la espera dentro de las cajas,
lugares de carne, de mandíbulas bien abiertas,
lugares de consternación y de rendición, lugares del amor.
Mas siempre, siempre, detrás de los ojos de cada uno
están los ojos que miran el final:
las nasas amontonadas, próximas al estremecimiento,
el estupor en el agua de las ostras
poseídas por la luz, nuestro idéntico culto
bajo las estrellas.
Porque hay ojos que rechazar
que son ojos para acoger.
Hay ojos que nacen bajo nuestros cuerpos
y se esconden entre las mantas
y otros desesperados que se confiesan y desaparecen,
dulcemente.
Y siempre, siempre, cada gesto de la claridad
es un gesto de la sombra, como la mirada separada
de las mujeres, cuando abren las piernas, lentamente.
Todo se sacude, todo está en huida.
Nadie puede hablar de recuerdos.
La mano vendada por un pañuelo gigante,
amarrado deprisa, el fuerte soplo del nacimiento
el último día de diciembre, la respiración
de mi padre en la muerte vigilada,
una servilleta sucia en un restaurante.
Nadie puede hablar de recuerdos.
Sólo queda una sensación de desconcierto,
el increíble refugio de las cosas
que creemos apartar, la sensación del final,
el verdadero sentimiento.

El mar/Il mare

de/di Jorge Luis Borges
(trad. Marcela Filippi)

Antes que el sueño (o el terror) tejiera mitologías y cosmogonías, antes que el tiempo se acuñara en días, el mar, el siempre mar, ya estaba y era.
¿Quién es el mar? ¿Quién es aquel violento y antiguo ser que roe los pilares de la tierra y es uno y muchos mares y abismo y resplandor y azar y viento?
Quien lo mira lo ve por vez primera, siempre. Con el asombro que las cosas elementales dejan, las hermosas
tardes, la luna, el fuego de una hoguera. ¿Quién es el mar, quién soy? Lo sabré el día ulterior que sucede a la agonía.

Prima che il sogno (o il terrore) ordisse
mitologie e cosmogonie,
prima che il tempo si forgiasse in giorni,
il mare, il mare sempre, già c’era ed era.

Chi è il mare? Chi è quel violento
e antico essere che erode i pilastri
della terra ed è uno e molti mari
e abisso e splendore e caso e vento?

Chi lo guarda lo vede per la prima volta,
sempre. Con lo stupore delle cose
elementari lasciano, le bellissime

sere, la luna, il fuoco di un falò.
Chi è il mare, chi sono? Lo saprò il giorno
ulteriore che succede all'agonia.

Certeza/Certezza

(trad. Marcela Filippi)

Tengo la certeza
de que mi abuelo Pedro se quedó dormido
y me lo robaron barcos piratas

Sabido es que estos bárbaros
aglutinan fortunas,
trofeos, tesoros...


Ho la certezza
che mio nonno si è addormentato
e mi è stato rubato da navi pirata

E' noto che questi barbari
assommano fortune
trofei, tesori...

Ti ho amata sempre nel silenzio/Te he amado siempre en el silencio

di/de Michele Mari
(trad. Marcela Filippi)

Ti ho amata sempre nel silenzio contando sull’ingombro di quell’amore e di quel silenzio ed anche quando poi ci siamo scritti la profilassi guidava la mia mano perché ogni senso fosse soltanto negli spazi bianchi e nondimeno mi sentivo osceno come se la piú ermetica allusione grondasse la bava del questuante
Mai in ogni caso dubitai che tu sapessi finché scoprimmo insieme di esser vissuti trent’anni nell’errore tu ignorando io presumendo e allora in un punto è stato chiaro che solo al muto il battito del cuore è rimbombante.

Te he amado siempre en el silencio
confiando en el tamaño
de aquel amor
y de aquel silencio
y aun después cuando nos escribimos
la profilaxis guiaba mi mano
para que cada sentido
estuviera sólo en los espacios blancos
y aun así me sentía obsceno
como si la más hermética alusión
rezumase la baba del cuestuante.

En todo caso dudé
que tú supieras
hasta que nos enteramos juntos
de haber vivido treinta años en error
tú ignorando
yo presumiendo
y entonces en un punto quedó claro
que sólo al mudo
el latido del corazón
retumba.


da “Cento poesie d’amore a Ladyhawke”, Einaudi, Torino, 2007

Ariadna recuerda/Arianna ricorda

(trad. Marcela Filippi)

Ahora que un dios habita mi carne y que sus manos
hacen crecer planetas y estrellas en mis hombros,
pienso en ti, hombre sin puerto,
pérfido hombre, en tus manos
de arenas y de miseria.
Cambiaría los días inmortales
por un gesto, una mueca de tus labios,
oh Teseo fugaz. Lo cambiaría
todo por regresar al laberinto,
por tocar una vez tus turbios dedos
para darte el ovillo.

Ora che un dio abita la mia carne e che le sue mani
fanno crescere pianeti e stelle sulle mie spalle,
penso a te, uomo senza porto,
perfido uomo, alle tue mani
di sabbia e di miseria.
Cambierei i giorni immortali
per un gesto, una smorfia delle tue labbra,
oh Teseo fugace. Cambierei
tutto per tornare al labirinto,
per toccare una volta le tue torbide dita
per darti il gomitolo.

MNEMÓSINE/MNEMOSINE

(trad. Marcela Filippi)

La memoria y el azar poseen hilos secretos que se cruzan en su lugar predilecto: el laberinto.
La memoria tiene pasadizos ocultos, pero no se pierde. Tú te pierdes en ella.
Perder la memoria, en realidad, es perderse en la memoria. Es perder su hilo.
La memoria también es un bosque. Sus árboles, a veces, no te dejan verla. Procura siempre alcanzar un claro en su interior y trata de leer desde allí a María Zambrano, como quien celebra un ritual arcaico.
La memoria tiene vida propia. Tú no la tienes. Ella te tiene a ti.
La memoria tiene más futuro que pasado, aunque contenga todos los pasados.
La memoria puede ser silenciosa e invisible, pero está ahí, más viva que nunca, acechándote.
Cuando la memoria habla, tú callas. Cuando la memoria calla, tú ni hablas ni escribes. Te dejas llevar por su rumor.
La memoria no escribe hoy porque lo escribió todo mañana.
La memoria atesora personajes que parecen perdidos para siempre. Un día, que puede ser hoy, uno de esos personajes aparece y te dice lo que nunca se atrevió a decirte hace décadas. Son las viejas celadas de Mnemósine, madre de todas las musas.
La memoria se detiene algunas veces y rememora. Después vuelve con más bríos y te inunda.
La memoria es una mañana en el mar porque dos amantes escuchan el aria de las Bachianas brasileiras Nro. 5 de Villalobos.
La memoria es un territorio infinito, un légamo que no termina.
Pero la memoria suele dislocar su brújula y se va al pasado, por irse al futuro.
Se equivocó la memoria. Se equivocaba.
La memoria e il caso posseggono fili segreti che si incrociano nel loro luogo prediletto: [il labirinto.
La memoria ha passaggi occulti, ma non si perde. Tu ti perdi in essa.
Perdere la memoria, in realtà, è perdersi nella memoria. E’ perdere il suo filo.
La memoria è anche un bosco. I suoi alberi, a volte, non ti permettono di vederla.
Procura sempre di raggiungere una radura al suo interno e cerca di leggere da lì
[ Maria Zambrano, come chi celebra un rituale arcaico.
La memoria ha vita propria. Tu non ce l'hai. Lei ha te.
La memoria ha più futuro che passato, sebbene contenga tutti i passati.
La memoria può essere silenziosa e invisibile, ma è lì, più che mai a braccarti.
Quando la memoria parla, tu taci. Quando la memoria tace, tu non parli né scrivi. Ti lasci trasportare dai suoi rumori.
La memoria non scrive oggi perché ha scritto tutto domani.
La memoria raccoglie personaggi che sembrano perduti per sempre. Un giorno, che può essere oggi, uno di quei personaggi appare e ti dice ciò che non ha mai osato dirti dadecadi. Sono le vecchie insidie di Mnemosine, madre di tutte le muse.
La memoria qualche volta si ferma e rimembra. Dopo torna con più brio e ti inonda.
La memoria è una mattina al mare perché due amanti ascoltano l'aria delle Brachianas Brasileiras nro 5 di Villa-Lobos.
La memoria è un territorio infinito, un limo che non finisce.
Ma la memoria di solito disloca la sua bussola e se ne va al passato, per andare al futuro.
Si è sbagliata la memoria. Si sbagliava.

martedì 21 novembre 2017

Al idioma alemán/Alla lingua tedesca

de/di Jorge Luis Borges
(trad. Marcela Filippi)

Mi destino es la lengua castellana, El bronce de Francisco de Quevedo, Pero en la lenta noche caminada, Me exaltan otras músicas más íntimas. Alguna me fue dada por la sangre- Oh voz de Shakespeare y de la Escritura-, Otras por el azar, que es dadivoso, Pero a ti, dulce lengua de Alemania, Te he elegido y buscado, solitario. A través de vigilias y gramáticas, De la jungla de las declinaciones, Del diccionario, que no acierta nunca Con el matiz preciso, fui acercándome. Mis noches están llenas de Virgilio, Dije una vez; también pude haber dicho de Hölderlin y de Angelus Silesius. Heine me dio sus altos ruiseñores; Goethe, la suerte de un amor tardío, A la vez indulgente y mercenario; Keller, la rosa que una mano deja En la mano de un muerto que la amaba Y que nunca sabrá si es blanca o roja. Tú, lengua de Alemania, eres tu obra Capital: el amor entrelazado de las voces compuestas, las vocales Abiertas, los sonidos que permiten El estudioso hexámetro del griego Y tu rumor de selvas y de noches. Te tuve alguna vez. Hoy, en la linde De los años cansados, te diviso Lejana como el álgebra y la luna.

Il mio destino è la lingua castigliana,
il bronzo di Francisco Quevedo,
ma nella lenta notte camminata
mi esaltano altre musiche più intime.
Qualcuna mi fu data dal sangue-
oh voce di Shakespeare e dalla Scrittura-,
altre dal caso, che è generoso,
ma a te, dolce lingua di Germania,
ti ho scelto e cercato, solitario.
Attraverso veglie e grammatiche,
della giungla delle declinazioni,
del dizionario, che non azzecca mai
con la sfumatura precisa, mi ci avvicinai.
Le mie notti sono piene di Virgilio,
dissi una volta; avrei anche potuto dire
di Hölderlin e di Angelus Silesius.
Heine mi ha dato i suoi alti usignoli;
Goethe, la sorte di un amore tardivo,
e nel contempo indulgente e mercenario;
Keller, la rosa che una mano lascia
nella mano di un morto che l’amava
e che mai saprà se è bianca o rossa.
Tu, lingua di Germania, sei il tuo capo-
lavoro: l’amore intrecciato
delle voci composte, le vocali
aperte, i sogni che consentono
lo studioso esametro del greco
e il tuo rumore di selve e di notti.
Ti ho avuta qualche volta. Oggi, al limite
degli anni stanchi, ti scorgo
lontana come l’algebra e la luna.

lunedì 20 novembre 2017

Los árboles/Gli alberi

de/di Eugenio Montejo
(trad. Marcela Filippi)

Hablan poco los árboles, se sabe. Pasan la vida entera meditando y moviendo sus ramas. Basta mirarlos en otoño cuando se juntan en los parques: sólo conversan los más viejos, los que reparten las nubes y los pájaros, pero su voz se pierde entre las hojas y muy poco nos llega, casi nada.
Es difícil llenar un breve libro con pensamientos de árboles. Todo en ellos es vago, fragmentario. Hoy, por ejemplo, al escuchar el grito de un tordo negro, ya en camino a casa, grito final de quien no aguarda otro verano, comprendí que en su voz hablaba un árbol, uno de tantos, pero no sé qué hacer con ese grito, no sé cómo anotarlo.

Parlano poco gli alberi, si sa.
Passano la vita intera meditando
e muovendo i loro rami.
Basta guardarli in autunno
quando si incontrano nei parchi:
solo i più vecchi conversano,
quelli che ripartiscono le nuvole e gli uccelli,
ma la loro voce si perde tra le foglie
e molto poco ci giunge, quasi nulla.

E’ difficile riempire un breve libro
con pensieri di alberi.
Tutto in essi è vago, frammentario.
Oggi, per esempio, ascoltando un grido
di un tordo nero, già sulla via di casa,
grido finale di chi non aspetta un’altra estate,
compresi che nella sua voce parlava un albero,
uno dei tanti,
ma non so cosa fare con quel grido,
non so come scriverlo.